La justificación cientificista

A partir del siglo XIX comienza a aparecer la tendencia ocultista a justificarlo todo según las jóvenes “ciencias” que retozaban en Occidente. Algunos teósofos o espíritas, otros iniciados en tradiciones regulares, pero ya todos víctimas de su tiempo.

El Ocultismo es un punto de partida contra el que René Guénon luchó con ríos de tinta, por una muy buena razón: Antiguamente, cuando una bruja preparaba una poción o alguien acudía al astrólogo para consultar una situación; ninguna de las partes implicadas se valía de la operación para justificar la existencia de Dios ni la suya propia, ni tampoco era el objetivo presenciar hechos asombrosos. Lo verdaderamente sobrenatural estaba fuera del alcance de las ciencias, ya fuesen tradicionales o racionalistas, y éstas sólo se utilizaban para fines prácticos. El Ocultismo, al haber “cortado las raíces de las plantas”, necesitó todo un arsenal de efectos y correspondencias para justificar y vender sus teorías.

John Dee y Edward Keeley

“Ya te dije que no íbamos a ligar mucho con esto de la Nigromancia…”

Antes de asomarse el Renacimiento -y un tiempo después para el común de los mortales-, el ego no era tan importante como nos parece a nosotros que lo ha sido siempre. No necesitábamos entretenernos con fenómenos paranormales porque había cosas más importantes de que ocuparse, no necesitábamos entretener ni alimentar al ego tanto como ahora porque la vida estaba sujeta a un mundo ordenado por un lado y a Dios por el otro y, por supuesto, nadie se veía en la necesidad de cuestionar si el mismo existe o quién escribió los evangelios. La cuestión de si la Edad Media y épocas anteriores eran infiernos de ignorancia y desespereción será discutida en otra entrada.

Esto es porque la idea medieval de Dios y las ideas antiguas de los Dioses y el Absoluto eran de algo que ni la razón ni los sentidos, ni 90438423952352350893 experimentos, podían alcanzar a conocer. Las cosas celestes estaban fuera del determinismo y el hombre que vivía sujeto a ellas tenía un pie en el Tiempo, sí, pero otro en la Eternidad.

El Ocultismo es una infiltración de la mentalidad racionalista en la Tradición. Infiltración que, de hecho, pronto derivó en una mera parodia de las prácticas tradicionales. Esta Tradición de la que hablamos no desdeña a la razón, pero en un estado normal sí que la pone en su lugar, que no es el de una especie de vara por la que todo se mide sino el del sirviente solícito del conocimiento superior en este mundo.

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“Cuando seas intelecto comerás huevos”

Existe un conocimiento que no es el resultado de una gestión de datos sino el reflejo de la Realidad™ misma. Hay aun otro conocimiento que es la aprehensión directa de esta realidad. Al moderno le parece increíble que exista algo así, puesto que toma por real únicamente lo mensurable, o en el mejor de los casos considera que es lo único susceptible de verdadero conocimiento. También existe el conocido error de concluir que todo esto son constructos puramente humanos, como una especie de invención en aras de huir de la perspectiva de la muerte.

Aquella es una crítica que sólo puede hacerse, precisamente, desde una individualidad que se sienta emancipada de los dos modos de conocimiento tradicionales. No será esta entrada el lugar de discusión de tal asunto.

Hubo un momento en que el racionalismo se había filtrado a todas las capas de la sociedad, y aquí entra en juego la maquinaria ocultista: No la razón por sí misma, sino la idea de que ésta se eleva sobre todos los métodos cognitivos y constituye el más perfecto de ellos, es lo que la convierte desde entonces en la forma de validación de cualquier cosa. Esto produce reacciones de lo más pintorescas, como es la del Ocultismo.

Con la llegada del cientificismo a las artes tradicionales, las leyes del mundo Sutil son ahora las de los “Fluídos Astrales”, las almas evolucionan, el Karma se fundamenta en el concepto de causa-efecto y los pantáculos funcionan como cuadros eléctricos. Egipto, la nueva moda arqueológica, comienza a impregnar doctrinas y ceremonias. Todo esto forma parte de una ciencia “oculta”, por el momento desconocida, pero de la que se conservan las técnicas y que pronto “Nuestros amos y señores los científicos” demostrarán efectivas -si no podemos poner ya en su boca que lo son-.

Gérard Encausse - Papus

La esencia del ocultismo: “No sólo soy doctor, también tengo todo tipo de parafernalia egipcia” (Todo nuestro respeto al señor que bautiza la mitad de este blog).

Son cosas así las que se utilizan para demostrar la existencia de Dios, aunque sea de un Dios impostado (Para lo que en Papus & Olivets son a todas luces inútiles), y de lo especial que es nuestra individualidad (Para lo cual se presentan como un método eficaz).

Hoy en día, cuando los que pueden dedicarse a escribir libros no tienen por qué ser los mismos que tienen acceso a la formación en los nuevos modos de conocimiento, las producciones pseudoesotéricas (¡y pseudocientíficas!) son mucho más estrafalarias y divertidas. Esto lo produce el efecto de la “Mitología Científica”, que se ha ido gestando desde entonces y que nos permite hablar como personas seriamente informadas acerca de temas que desconocemos en su práctica totalidad: “¡La Física Cuántica demuestra mi doctrina inventada!”; “¡Sólo utilizas el 10% de tu cerebro y por eso no tienes poderes psíquicos como los míos!”; “¡El Big Bang explica los libros sagrados!”… Frases que diremos para justificar nuestro ensueño New Age y (tratar de) evitar que el de enfrente se ría de nosotros tachándonos de ignorante. La de los marcianos reptilianos que dan origen a las cosmogonías es quizá la Opera Magna de este circo; también la más estrambótica y en apariencia menos cientificista, lo que nos conduce a pensar en un fin de ciclo. No la discutiremos demasiado, a ver si resulta que no hemos “investigado suficiente” como dicen sus defensores…

Pere Grifoll
peregrifoll@gmail.com
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